Aprender a sobrellevar…
Dentro de todas las cosas que me apasionan en la vida, existe un aspecto de mi vida que quisiera compartir con ustedes, ya que nació de una situación que pensamos que solo nos suceden a nosotros, la típica frase “solo a mi me pasa”.
Unos años atrás viví lo que en ese momento llamé ‘depresión’, y casi me atrevo a decir que a todos nos ha pasado, nos está pasando o nos pasará.
Resulta que en esos años atrás sufrí una ruptura amorosa que creí había destruido mi esencia como persona, me sentí tan abatida que casi dejé de ser yo, pero como psicóloga que soy llegué a un momento importante que cuestionó mis conocimientos: ¿iba a dejar que algo tan ‘común’, por así llamarle, pusiera en duda mis habilidades en la psicología?
Y bueno, llegado ese momento frené todo sentimiento de derrota y me puse en marcha para enrumbar mi vida de una manera distinta, esto para no caer en los mismos errores. Andando y andando fue como encontré la manera perfecta para darle un giro de 180° a mi vida.
El arte siempre ha estado presente en mí ser, el baile ha sido una manera de expresarme y ser feliz que me ha acompañado desde pequeña, y bueno fue así como encontré que esa pasión de niña me seguía aún de adulta. Pronto encontré que la danza se posaba frente a mí, y sin más rodeos inicié una travesía por el arte del Belly Dance, una danza que hechiza los sentidos y permite dejarte ser quien quisiste ser siempre.
La aventura comenzó como un pasatiempo común que a la vez servía de distracción para aquella vocecita que te susurraba al oído “se acabó”, y pronto se convirtió en aquello que amo y por lo que doy mi vida.
Quizá se pregunten cual es la enseñanza, pues les diré, todo remedio no actúa de la misma manera en todas las personas, pero lo que sí les puedo decir es que del remedio del vecino yo puedo tomar ingredientes para crear el mío.
Todos hemos vivido desilusiones de todo tipo, laborales, amorosas, familiares, con los amigos; y muchas veces el pensamiento que se impone es “el tiempo sanará”, y pues sí, muchas veces el tiempo lo hace, pero ¿porqué dejar que el control de mi vida y sentimientos lo tenga algo tan intangible como el tiempo?
A partir de aquel momento comprendí que no puedo evitar desilusiones ni dolores, pero al menos cuando lleguen a mi vida algo puedo hacer al respecto, y no interrumpir mi tranquilidad por algo que eventualmente pasará.
En ocasiones es necesario aprender a vivir del dolor, cuesta creerlo pero así es. Un importante psicólogo de apellido Frankl basa su trabajo en precisamente eso, el dolor. Él afirma que del sufrimiento siempre aprendemos algo importante y que nos acompañará toda la vida; y es justamente en eso que fundamento que esa situación que para mí fue dolorosa hoy me hace feliz pues disfruto al máximo practicar esta danza. Por eso comparto con ustedes algo, tal vez íntimo, pero que me ayudó a encontrar mi verdadera felicidad en un rumbo distinto.
| Este artículo fue publicado por Carolina Villavicencio el 30/05/2011 a las 7:55 pm, y está archivado en Autoestima. Sigue las respuestas a esta entrada a través de RSS 2.0. Están cerrados tanto los comentarios como los pings. |
Los comentarios están cerrados.



